Siempre he pensado que hay dos maneras de hacer las cosas: bien o mal. Mi pensamiento viene a colación al respecto de los premios Príncipe de Asturias: mal hechos desde sus inicios.
Vale que imiten a los Nobel cutremente, vale. No tengo nada que objetar salvo que es patético. Con eso se puede transigir, pero lo que no resulta comprensible es que, a estas alturas, no tengan un ámbito definido para su entrega. Quiero decir que no puede saltar uno del ámbito planetario al hispanoamericano o al hispano al calorcito de la cosa mediática; porque ocurre que la cosa mediática en este caso es española y queda bastante paleto premiar a geniecillos internacionales junto con Fernando Alonso, la selección española de baloncesto, o los tenores patrios. Lo que es un despropósito se mire por donde se mire.
De los méritos de los premiados bajo el criterio planetario también habría mucho que objetar en algunos casos.
Pero bueno...que les den premios a quien les venga en gana, pero que no corten las calles. Y es que ayer tuve que dar un rodeo maratoniano para tomar la cañita y pincho en mi bar parroquial. Que transporten a los homenajeados en helicóptero, pero que no ocupen la ciudad toda para entregar cuatro premios chorras que a nadie, pero a nadie, le importan un bledo por mucha pompa con que los adornen.
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viernes, 26 de octubre de 2007
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